AMELIA
HUAPAYA

“Soy una de las pocas mujeres que dirige una peña de música criolla”

LA HISTORIA

Soy Amelia, crecí en una familia de grandes tradiciones criollas y la vida me llevo a poner una peña y así abrirme paso en un mundo dominado por hombres. Tengo 61 años. Mis bisabuelos fueron bajopontinos, mi abuela victoriana y mi abuelo de los barrios altos..

Mi madre fue del barrio obrero y mi padre del Rímac, o sea, más mazamorrera no puedo ser. Soy hincha del Municipal y hace 23 años abrí la peña La Oficina. Este lugar está hecho de mis músicos y de todos los que vienen a visitarme. Empecé con un local en Breña y luego nos mudamos a un terreno en Barranco. No había nada aquí y quienes me motivaron me dijeron: “Yo te conozco, Amelia, y sé que lo puedes hacer”. Así que un 25 de noviembre, hace 23 años y con 60 soles en el bolsillo, empecé.

POCO A POCO APRENDÍ

Esta peña es mi vida tiene mi cuerpo, mis lágrimas, mis esfuerzos, un poco de mis hijos que tuve que dejar solos. Pero no me quejo, esto me hizo muy mujer, me hizo capaz y humilde, y por eso le pido a Dios que todos los días me ayude. Mucha gente debe creer que soy muy egoísta porque vivo acá, pero es que no entienden que es mi casa también y me permite hacer todos los días algo que me encanta: cocinar y jaranear. Y, para colmo, cobrar por eso.  Pero todo no empezó así, al principio no fue fácil, éramos solo dos personas y no podíamos darnos abasto. Se me quemaba hasta el arroz. En esa época (1992) una botella de aceite costaba 400 soles, y todo lo que ganaba en un mes se me acababa en una semana, pero poco a poco aprendí. Tengo un gran amor por la música criolla, esto se debe a que mi padre era guitarrista, tocaba en la peña El Inca en Rímac, con Teresita Velásquez, y en mi casa se escuchaba música criolla siempre.


"NOS VEMOS EN LA OFICINA"

Muchos curiosos preguntan el origen del nombre “La Oficina”, bueno la historia es así: yo tenía una empresa con cuatro proveedores. Todos los viernes yo les preparaba ceviche y hacíamos jarana. Así nació la frase “Nos vemos el viernes en la oficina”. Luego en el primer gobierno de Alan García, mi empresa quebró y puse un restaurante que luego se convirtió en peña criolla. Obviamente, le puse La Oficina. Hay algo muy gracioso que sucede precisamente por este nombre tan peculiar, muchas veces recibo llamadas de señoras que me preguntan: “¿Está mi esposo ahí?”, y yo les respondo: “Si, señora está aquí en La Oficina”, y se quedan calladas, pensando. No les estoy mintiendo, por si acaso.


“PÓNGANME MI VESTIDO ROJO Y LLÉVENME A LA OFICINA”

Toda esta gran familia se ha construido con esfuerzo y paciencia, porque aparte del empeño y los demás percances que pase, no fue una tarea fácil conseguir músicos, son difíciles y muchos no querían trabajar conmigo porque soy mujer, por acá pasaron muchos: Julie Freundt, Bartola, Edith Barr, Lucía de La Cruz, “El pato” Campos, Octavio Ticona y muchos más. Poco a poco fui seleccionando y ahora estoy feliz con Jorge Villanueva ‘Chapulín’, Carlos Arredondo, Enrrique Arrellano y Aldo Borja. Tambien me acompañan Carmen Flórez, Rosa Guzmán,César Oliva y en su momento también “Mocha” Graña, quien me dejó grandes enseñanzas. Me enseño, por ejemplo, que cuando tenga un enemigo nunca lo ataque, y sonreírle a las mesas que no consumían nada. Murió lucida con 97 años y antes de fallecer dijo: “Pónganme mi vestido rojo y llévenme a La Oficina”.


LA OFICINA ES ALEGRÍA

He sido visitada por muchas personalidades importantes como Mariano Querol, Alan García, Keiko Fujimori, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique. El ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, vino y canto “La flor de la canela”. Después quiso tomarse una foto conmigo pero no lo dejé. Y así mismo también tengo anécdotas para contar, como cuando vino Nicolás Delfino y empezó a discutir con un señor, quería pelearse acá; entonces, yo lo quise sacar amablemente y, como era bien grande, me retó y me dijo: “Sácame, pues”. Como soy chiquita, lo saqué cogiéndolo de lo más cerca que tenía, ya saben a que me refiero ¿no?.  Nunca más volvió.

Las personas que vienen a “La Oficina” reciben alegría,  y si vienen tristes, yo las acojo con cariño, con una sonrisa y les cocino lo que les gusta para que se vayan felices. Esta peña es un lugar muy especial, porque todos somos como una gran familia, no es comercial y se goza la música al natural, como antes, y los que han venido saben de qué les estoy hablando, y los que no han venido, cuando lo hagan lo descubrirán. Bienvenidos a la única oficina donde todos vienen a divertirse y nadie viene a trabajar.

‘Esta peña es mi vida tiene mi cuerpo, mis lágrimas, mis esfuerzos y un poco de mis hijos que tuve que dejar solos.’

AMELIA HUAPAYA